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Natalia Ginzburg y los recuerdos de domingo

Natalia rebusca con esmerada lentitud entre los anuncios de la sección de inmobiliaria del ejemplar de Il Messaggero que tiene entre las manos. Subraya aquellos que comparten ciertas palabras que considera clave en su particular búsqueda, como «casita» o «chalet», para acto seguido ponerse en contacto con sus propietarios. Natalia sueña con una vivienda propia que le proporcione la confidente seguridad de un hogar estable, pero su marido y ella poseen poco dinero. Quizás una casa con jardín, o con balcones, en un barrio cosmopolita o a las afueras de Roma, eso sí, con ciertos lujos: cualquiera de esas casas colmaría sus pretensiones. Al cabo de un tiempo la búsqueda se enquista. ¿Y si en verdad no se encuentran tan mal en su estatus de arrendados, de nómadas eternos, casi de buscadores de fortuna? Bien pensado, que sea el destino, si es que existe, quien dicte los pasos de su devenir.

Natalia Ginzburg es una de esas escritoras que consiguen impactar y enamorar con cada una de sus palabras. Tanto su narrativa como su ensayo se caracterizan por posar la mirada en la calma del instante y saber contar los paisajes humanos en tono ameno y distendido, casi evocando la oralidad. Si algo fue Ginzburg es una apóloga de la rutina, y es precisamente ese abrazo a lo cotidiano lo que la ha convertido en una de las narradoras más cautivadoras del siglo XX.

En Domingo, son recopilados tanto relatos breves como crónicas y recuerdos de la autora, incluido un bellísimo poema en homenaje a su marido, que falleció en 1944 en la cárcel de Roma tras ser detenido por la Gestapo. Domingo se divide en lo que considero una mañana y una tarde, como la hay en un domingo cualquiera, el día más revelador, probablemente, de la semana. La primera mitad está dedicada a los relatos y es, sencillamente, suculenta. La segunda, que comienza con el mencionado poema, reúne crónicas y recuerdos mediante los que construye una nítida imagen de la Italia de mitad del siglo pasado. Por sus cuentos y sus reflexiones transitan paisajes urbanos y campestres, niños desentendidos del mundo más allá de su condición infantil, caciques, carabineros en tierra de nadie y una población que sólo desea vivir en paz un día más. Y entre todos estos elementos aparecen obreros a los que el progreso de la nación, materializado en forma de trabajo rudo y candentes fábricas, les consume la vida, y el propio matrimonio Ginzburg, en busca de una casa donde sentirse libres, poderosos y a resguardo del drama del alquiler y de la propiedad, tan de actualidad en nuestros días. Porque si un solo aspecto tuviésemos que destacar en común de los textos que reúne Domingo es la búsqueda del hogar -o lo que los personajes creen que es el hogar-. Un espacio, una patria al margen del resto de lo existente, que es cobijo, deseo y esperanza.

Domingo llega en esta ocasión de la mano de Editorial Acantilado, quien aporta al acervo castellanoparlante una edición elegante y de alta calidad, como suele ser habitual en los libros publicados por el sello barcelonés. La traducción del italiano corre a cuenta del reconocido escritor Andrés Barba. Les invito a descubrir fervientemente este insólito volumen. Prometo que disfrutarán de la más alta literatura. Y regresarán en múltiples lecturas a él, como se regresa a los gratos recuerdos y a los manjares.

Por David Lorenzo

About David Lorenzo (8 Articles)
Filósofo y escritor. Columnista y crítico literario. A través de mis libros y artículos compagino reflexión y pensamiento desde una mirada filosófica y crítica.

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