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El Concilio de Nicea y el origen de la Iglesia católica

En el siglo III, la sociedad romana vive una de sus peores crisis. A las fuerzas extranjeras que amenazan la frontera norte del Imperio hay que sumarle la ruina de su moneda, la incertidumbre en la producción de las cosechas, los altos niveles de corrupción que están instalados en la sociedad y el vacío de poder que impide dar una solución rápida y contundente a los problemas que asolan al Imperio.

Esta profunda crisis, que se alarga más de cincuenta años y que afecta a todos los niveles y capas sociales tambalea todo el sistema de valores y creencias de la sociedad romana, permitiendo así que nuevas doctrinas emerjan con cierto éxito.

En este contexto aparecen las grandes religiones monoteístas que hasta entonces apenas han tenido espacio dentro del Imperio. La aspiración por parte de estos credos a una verdad absoluta y el deseo de unificar la justicia y la moral bajo una misma doctrina resultan muy atractivos para una sociedad romana tan golpeada por la corrupción y la miseria.

Nuevas religiones se abren paso por el Imperio

En los siglos I, II y III surgen miles de sectas, cada una con sus correspondientes profetas y textos sagrados. Estas sectas tienden a tomar influencias del judaísmo, de las religiones asiáticas, egipcias, de las enseñanzas de Cristo o de la filosofía platónica y pitagórica. Además aspiran a alcanzar la gnosis, es decir el conocimiento de la verdad, o conocimiento de Dios. Esta “verdad” está dentro de cada uno de nosotros y es necesario conocerla porque es la herramienta de la que disponemos, para poder salvar nuestra alma del miserable y decadente mundo terrenal. Este rechazo del mundo muy generalizado entre estas sectas las caracteriza como antimaterialistas, dándole importancia sólo al aspecto espiritual del ser humano, el alma.

Pitágoras de Samos. Fundador de la escuela pitagórica.

Muchos de los textos sagrados de estas sectas forman parte de la doctrina cristiana hasta el concilio de Nicea del año 325, en donde las autoridades religiosas se ven en la necesidad de tener que elegir unos textos sobre otros para poder construir una visión coherente ya que muchos de estos escritos se contradecían unos a otros.

Ejemplo de esto son los textos sagrados de los cristianos judaicos, que no creen ni en la divinidad ni en la resurrección de Jesús. La idea de Jesús como hijo de Dios aparece unas tres generaciones después de su muerte, en diversos textos escritos por discípulos a lo largo del Mediterráneo.

Otro texto presente fue el de los madmeos que creen en San Juan Bautista como el auténtico Mesías, considerando que el castigo y crucifixión de Jesús han sido debidos a su condición de impostor. También están presentes los manuscritos maniqueos, las doctrinas basadas en la oposición entre el Bien y el Mal. El problema de la existencia del mal en un mundo con un creador perfectamente bueno resulta muy problemático; por tanto se adquiere un sistema binario de luz y oscuridad. El principio de las tinieblas es la materialidad, y el de la luz el conocimiento, la verdad y la espiritualidad.

San Juan Bautista

También existen los manuscritos del llamado Hermes Trimegisto. Estas sectas son conocidas por ser bastante duras, incluso entre ellas. Los manuscritos del Mar Muerto son el credo mayoritario de los esenios en la región de Cuhm Ram hasta ser exterminados por los romanos.

Concilio de Nicea

El Concilio de Nicea se celebra en el año 325 en la antigua ciudad que le da su nombre. Este concilio reúne a los representantes de las principales sectas junto con los diferentes credos cristianos. Curiosamente, este concilio es organizado y promovido por el propio Emperador Constantino I, que ve la gran influencia que el cristianismo está ganando dentro del Imperio y quiere aliarse con la Iglesia para conseguir un respaldo divino a su reinado. Prueba de esta alianza es el Edicto de Milán que en el año 313 reconoce a los cristianos la libertad de poder reunirse y practicar su culto libremente. Por su parte, la Iglesia quiere deshacerse de todas las sectas cristianas como las judías o madmeas que contradicen la doctrina oficialista, y poder así imponer una visión homogénea del cristianismo que les ayude a ganar más influencia y poder usarse de ella como herramienta de control político.

Los historiadores discrepan del número real de asistentes que oscila entre los 250 y los 318. Tras el debate teológico sobre las diferentes visiones religiosas representadas, se quiso dejar la decisión de qué evangelios deben ser elegidos como sagrados a Dios. Esto consistió en poner los 270 libros sagrados bajo una mesa del salón del Concilio, cerrar la puerta con llave y pedir a los Obispos que rezaran durante toda la noche para que Dios pusiera sobre la mesa aquellos que fueran inspirados por él.

Al regresar en la mañana siguiente sobre la mesa se encuentraron los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Concilio de Nicea

A partir de este momento se funda la Iglesia católica más o menos como la conocemos hoy en día. Pues gran parte de su organización interna es dictada en este concilio. Entre algunas de estas medidas se encuentran la aprobación de todo lo relativo a las elecciones episcopales, los patriarcas y su jurisdicción, todo lo relativo a la excomunión, la prohibición de abandono de sus iglesias por parte de los clérigos, así como la prohibición de que Obispos, sacerdotes y diáconos pasen de una iglesia a otra.

Además también se tachan los libros que quedan debajo de la mesa como herejías y bajo el amparo del Imperio Romano, se autoriza la prohibición y persecución de estas sectas. El Emperador Constantino I quiere que la Iglesia controle todos los aspectos teológicos del cristianismo sin ningún tipo de disidencia que socave su autoridad pues la religión, siempre ha sido utilizada por unos pocos como un método muy eficaz de control social en momentos difíciles.

Por Adrián Moros (@adrixtercio)

Adrian Moros
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Estudiante de filosofía y eterno aprendiz de mi mismo. Redactor, escritor, creador y soñador empedernido.

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