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El mal desde una perspectiva filosófica

Existe cierto consenso a la hora de pensar que el mal más grande del mundo, aquel que entraña más crueldad y ensañamiento, solo puede ser perpetrado por una mente que esté a la altura de las circunstancias, la famosa figura de «genio maligno» que aparece como hipótesis en la filosofía cartesiana. No es de extrañar por tanto que en thrillers o documentales que narran crímenes horribles y repugnantes como asesinatos en serie o casos masivos de pederastia, siempre se nos presenta al autor como frío, calculador y por supuesto mucho más inteligente que los demás ¿Cómo sino podría haber cometido tanto mal?. Además parece inferirse de este planteamiento, que la inteligencia es inversamente proporcional a las emociones que evitan que el criminal pueda ser empático con la víctima.

Cuando los servicios secretos de la Mosad capturaron en Argentina a Adolf Eichmann para que fuera juzgado en Israel por crímenes de lesa humanidad por su implicación en el exterminio de judíos en la Alemania nazi, no es de extrañar que emergiese de nuevo de las aguas más oscuras del subconsciente colectivo el cliché de genio maligno como justificante de tamaña crueldad.

Hannah Arendt al llegar de Estados Unidos para cubrir el juicio a Eichmann se encontró con un hombre que estaba muy lejos de ser alguien que destacara por sus capacidades intelectuales. Se limitaba una y otra vez a decir en su defensa que solo cumplía órdenes, manifestaba mucha inseguridad y las respuestas más elaboradas que esgrimía podían ser fácilmente rebatidas por el tribunal ¿Cómo alguien de estas características que, además, decía cumplir órdenes podía ser considerado como genio maligno? La reflexión filosófica que conllevó esa pregunta fue a lo que Arendt denominó la banalidad del mal.

Juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén en 1961

Para la pensadora, el mal más grande del mundo puede hacerlo cualquiera, incluso alguien tan mediocre como Eichmann. Tan solo basta con que se deje llevar por las órdenes de sus superiores y al mismo tiempo renuncie a pensar por sí mismo. De hecho, para Arendt, este ejercicio de renunciar a pensar lleva también a renunciar a ser persona.

El sistema de exterminio nazi era muy eficiente y sin duda fue diseñado por personas crueles y sin escrúpulos, pero dependientes de gente normal y corriente como Eichmann para que se pudiera llevar a cabo. Arendt no intentaba de ninguna manera justificar el comportamiento de Eichmann como le acusaban algunos en la época, sino que intentaba poner el foco de la crítica no en la persona en sí como hacía el tribunal, sino en el sistema que era el que articulaba y dirigía el exterminio pero sin perder de vista el colaboracionismo de gente como Eichmann y que, sin duda merecía castigo. En la Alemania nazi gran parte de la población renunció a ser persona y miró para otro lado hasta el punto de negar incluso la existencia de campos de exterminio.

Víctimas contra víctimas

Pero este colaboracionismo con el sistema no solo venía por parte de muchos ciudadanos integrados en él, sino que en algunos casos, se encontraba visible en algunas de las víctimas. Conceptos como genio maligno o víctima, son terminologías que ayudan a simplificar la realidad pero que a veces pueden resultar contraproducentes a la hora de querer hacer análisis filosóficos profundos. Si Hannah Arendt desmontó el concepto de genio maligno con «la banalidad del mal», Primo Levi matizó el de víctima con el término «zona gris».

Primo Levi fue uno de los supervivientes de los campos de concentración alemanes y en sus diversas obras reflexiona sobre actitudes, comportamientos y razonamientos con los que tuvo que convivir.

Los campos de concentración estaban diseñados para deshumanizar a las víctimas, romperlas psíquica y físicamente. Para ello endurecían al extremo las condiciones de vida hasta el punto de obligar a los prisioneros a tener que elegir entre morir o colaborar, con todas las consecuencias que ello suponía. Justamente Primo Levi puso este hecho como una de las características del fascismo. El hecho de tener la capacidad incluso de pervertir moralmente a las víctimas. Eso imposibilitaba considerar a las víctimas como puras, pues los que más se acercaban a ese término eran los primeros en morir. Los prisioneros que más tiempo vivían eran los que delataban algún plan de fuga, podían identificar a disidentes o deleitaban a los guardias con peleas entre ellos, pues a cambio recibían una recompensa en forma de algo más de comida o un lugar en el campo menos inhumano.

Campo de concentración de Auschwitz en la actualidad

Los prisioneros que decidían colaborar para sobrevivir transitaban la «zona gris», que es el término que el pensador usa para referirse a este hecho. Levi reconoció que fue uno de ellos, pues de lo contrario, no estaría vivo. Nunca los juzgó, no creía que fuese justo juzgar una situación tan extrema incluso habiéndola vivido. Aun así tenía claro que no podían ser consideradas como víctimas completas, ni mucho menos héroes como muchos los consideraban. Para Levi eran supervivientes que se ensuciaron las manos para poder salir de ese infierno.

Para el filósofo, la responsabilidad máxima recae sobre la estructura del sistema. La participación de los individuos en ese daño causado era difícil de determinar. Hay distintos grados de responsabilidad dada la situación tan extrema que se vivió. Aun así, los supervivientes no estaban exonerados de algún tipo de responsabilidad porque también causaron mucho daño a otras víctimas.

A consecuencia de las barbaridades que tuvieron que cometer para sobrevivir, muchos acababan suicidándose porque eran incapaces de poder volver a su vida anterior y reintegrarse en la sociedad.

Profundizar en la filosofía de autores como Hannah Arendt o Primo Levi nos ayuda a mirar el mundo desde una perspectiva mucho menos polarizada. Entendiendo que la realidad es un conjunto de matices que transitan entre el blanco y el negro y que los absolutismos son contraproducentes para poder llevar reflexiones que vayan más allá de lo caricaturesco y tal vez, poder evitar que se produzcan nuevamente en el futuro tamañas barbaridades.

Por Adrián Moros (@adrixtercio)

Adrian Moros
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Estudiante de filosofía y eterno aprendiz de mi mismo. Redactor, escritor, creador y soñador empedernido.

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