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Espectáculo y racismo en el mundo colonial

A lo largo de la época colonial, las naciones encontraron un negocio muy lucrativo en las actividades coloniales. Saqueo de recursos naturales que revitalizaban las industrias, trabajo forzado que ahorraba a empresas y estados mucho dinero en concepto sueldos o el secuestro de nativos para su exhibición en los grandes salones Europeos.

En la obra Estudios avanzados de performance que recoge varios textos reflexivos, encontramos el ensayo La otra historia del performance intelectual de la pensadora estadounidense Coco Fusco. En este ensayo podemos disfrutar de un análisis histórico sobre cómo se ha ido construyendo una ideología racista que fue puesta al servicio del colonialismo .

Una de las herramientas clave sobre esta construcción ideológica en la que la autora pone el foco son los espectáculos y exhibiciones que se realizaban con la participación forzosa de los nativos, que eran traídos de diversos lugares del mundo.

Cristobal Colón en 1493 exhibiendo Arawaks ante la corte española

Estos primeros `shows´ organizados por empresarios con el apoyo de conquistadores, representaban a los nativos como seres exóticos, únicos, claramente vinculados a la naturaleza, con una cultura pobre o inexistente y de costumbres rudas y brutas. En la Europa de los primeros años de colonización, sobre todo interesaba que estos espectáculos trasmitieran la idea de que el nativo estaba en una posición de inferioridad con respecto al europeo que, por supuesto, era representado como la antítesis del nativo dispuesto a llevar la civilización a estos «salvajes» que, además, parecían pedirla a gritos. Estas performances eran la herramienta perfecta para justificar la empresa colonial europea como misiones encargadas de liberar del «salvajismo» a los nativos llevando la cultura occidental a sus pueblos. También reforzaba la idea de un nosotros blancos, civilizado y avanzado frente a un ellos en clara inferioridad.

Posteriormente, con la ciencia ganando peso en la sociedad, se buscaba justificar no solo la inferioridad cultural, sino que, también, la inferioridad física. En este sentido, se traían a personas con malformaciones o problemas en la piel para ilustrar a través de sus cuerpos el prejuicio que la ciencia quería trasmitir. Las muestras se organizaban en torno a esa visión y presentaban a los nativos frente al público como seres monstruosos, salvajes, violentos y de inteligencia claramente inferior. Llegaron incluso a elaborar informes pseudocientíficos para justificar que eran inferiores genéticamente.

Integrantes del circo Barnum & Bailey Circus propiedad de P. T. Barnum en 1897

Paralelamente a esto, un nuevo concepto de espectáculo que se desviste de la faceta más puramente lúdica y se mezcla con un concepto más artístico empezaba a emerger. Se forjaron conceptos como el de «buen salvaje» que buscaba «domesticar» la figura del nativo para poderlo engranar bien con la faceta artística del show. Se buscaba ilustrar al público sus formas de vida, mostrar las herramientas, jerarquías y mitos locales. Incluso se hacían poesías y canciones populares con temática indígena. La fetichización y la sexualización de los cuerpos indígenas también tuvieron su protagonismo en los espectáculos del siglo XIX.

Llegados a este punto, Coco Fusco se pregunta hasta qué punto esta caracterización del nativo, que durante siglos se llevaba promoviendo, seguía presente en la actualidad.

De esta inquietud nace en 1992 el proyecto de recrear un show en el que Fusco y su compañero de investigación Guillermo Gómez tienen que vivir 3 días en una jaula bajo el rol de nativos, que además, se tienen que comportar como tradicionalmente la cultura occidental los ha caracterizado. Se hacen llamar los `guatinauis´, gentilicio del país ficticio `Guatinau´, que supuestamente se encontraba en una isla del golfo de México. La intención de este experimento, en el que también realizaban sus labores cotidianas, era ver hasta qué punto los espectadores eran susceptibles a repetir conductas racistas al verlos caracterizados como nativos y expuestos ante ellos.

Fusco y Gómez interpretando a dos nativos en EE.UU. con motivo de su experimento social

La multitud de experiencias que recopilaron en los diversos espectáculos que protagonizaron por todo el mundo  fue cuanto menos sorprendente. Una de las cuestiones que más les llamaba la atención era la literalidad con que la gente se tomaba el show. Más de la mitad del público pensaba que realmente eran nativos en jaulas. Además una encuesta realizada por el diario Sun Times revelaba que el 53 % de los encuestados les parecía bien que fueran mostrados al público. Llamaba también la atención que la gente parecía deleitarse al ver el espectáculo que, en principio, carecía de sentido.

Los reproches morales por exhibir a seres humanos enjaulados para el disfrute del público adquirían matices paternalistas del tipo “no saben que están siendo utilizados” o “dejad en paz a esa pobre gente”. Pero para ellos fue muy gratificante observar cómo el matiz de esperanza lo ponían los niños, que eran los que más desvestidos estaban de los prejuicios raciales y los más abiertos a tratarlos de una forma empática y humana.

Estos espectáculos, nos permiten tener una perspectiva histórica de cómo se ha ido gestando el racismo como herramienta de sostén ideológico, que permitió a las naciones colonialistas poder explotar territorios y sociedades foráneas sin restricciones. Incluso a día de hoy, este pensamiento sigue teniendo una presencia muy importante en nuestras sociedades, con el permiso, como casi siempre en este tipo de situaciones, de los más pequeños, que nos permiten ser optimistas con respecto al futuro.

Por Adrián Moros (@adrixtercio)

Adrian Moros
About Adrian Moros (78 Articles)
Estudiante de filosofía y eterno aprendiz de mi mismo. Redactor, escritor, creador y soñador empedernido.

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