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El tiempo no es el que parecía ser

Si revisamos las producciones cinematográficas españolas y las comparamos con los productos de otros países traducidos al castellano –la gran mayoría de ellos anglosajones o franceses- cuesta encontrar propuestas nacionales de calidad y, por supuesto, casi en ningún caso a la altura de sus rivales extranjeras, más que por una cuestión de talento, que también la hay, por una presupuestaria. Obrar milagros con poco dinero es cosa de genios. Y los genios, ya se sabe, son un rara avis: escasean.

El Ministerio del Tiempo ha sido una renovada alegría en esta cuarta temporada que acaba de finalizar. De nuevo, el equipo encabezado por Javier Olivares ha demostrado ser capaz de cautivar y emocionar a su público a lo largo de ocho episodios en los que la acción se ha desenvuelto de forma reposada, pero colmada de fuerza en la narración y de potencia en la imagen. Una virtud que ha permitido que la serie haya logrado sobrevivir en la pequeña pantalla española al abrazo de la multitud de espectadores que cada semana elegían acompañar a Amelia, Julián y Alonso, y más adelante también a Lola, Irene, Pacino y Carolina en sus aventuras por los recovecos del tiempo

¿Recuerdan aquello de enseñar deleitandoEl Ministerio del Tiempo consigue aunar hechos históricos contándolos con rigor, pero sin hacer pedagogía, teniendo muy claro desde el primer capítulo que lo que tienen entre manos es una obra de ficción, no un documental. La serie ha navegado estos años entre la incertidumbre por su futuro y la necesidad de seguir adelante. Cada temporada revelaba ser un desafío que requería de finales abiertos a la par que contundentes por si las siguientes temporadas quedaban en barbecho sin conseguir materializarse. Afortunadamente no ha sido así y esta exquisitez ibérica, a la altura de las mejores producciones e ideas novedosas del mercado internacional, ha durado sobre las tablas, al menos, cinco años, hasta hoy. Sólo es necesario recordar a Timeless, una ficción americana posterior y parecida al funcionamiento de nuestro Ministerio favorito, para percatarnos de la autenticidad y calidad de la serie.

En esta última temporada, Olivares y su equipo ha preferido optar por trabajar bajo aquel aforismo de Baltasar Gracián como principio, lo bueno, si breve, dos veces bueno, para mantener en el elenco a unos actores de demostrada excelencia a costa de recortar la extensión de la temporada. Para ello han tenido que adaptar la trama para no desmerecer el resultado final. No haré spoilers: prefiero invitar al lector a comprobar mis impresiones sumergiéndose desde el principio en la serie. Sin embargo, basta visionar el último episodio de esta temporada para comprobar la inteligente complejidad en la que se desenvuelve la serie ante el espectador: al final, el tiempo resultó no ser el que parecía ser, a pesar del convincente lema esgrimido recurrentemente por el subsecretario Martí, encarnado por el brillante Jaime Blanch.

El Ministerio del Tiempo ha sido, una temporada más, una serie que enorgullece el talento recóndito que pugna permanentemente por abrirse paso en España. Una obra cuasi maestra que ha conseguido alcanzar la excelencia internacional y el amor de millones de espectadores patrios a base de talento y tiempo –valga la redundancia-, sin apenas acusar la falta de talón que requiere un proyecto de tan elevada calidad, un matiz que aún engrandece más la serie, a la que, si hay deseo y voluntad económica, aún le queda una larga vida por delante. Ojalá haya quinta temporada de esta maravilla del séptimo arte.

Por David Lorenzo

David Lorenzo
About David Lorenzo (3 Articles)
Filósofo y escritor. Columnista y crítico literario. A través de mis libros y artículos compagino reflexión y pensamiento desde una mirada filosófica y crítica.

4 Comments on El tiempo no es el que parecía ser

  1. Un excelente guion sin duda…¡una buena idea incluso el que sea un judio que construyo los ‘laberintos’ que me recuerdan un poco los del Universo Cifra de ‘Andromeda Ascendente’ sin que por eso parezca que su autor haya hilado con la misma madeja. Pero el ‘cine’ español tiene un PROBLEMA que no se supera sino individualmente… ¡porque los actores viven AUN en el tiempo del teatro! Los dialogos son un autentico desastre, al punto que si ves esta serie en otro idioma es totalmente ‘convincente’! Salvo honrosas excepciones internacionales y dos o tres de los mas eficaces en esta serie… entre ellos el hijo de Sancho, Rodolfo, que ciertamente, su padre no aprendio a actuar en España….

    • Hola, Teodoro.

      Gracias por su comentario, tan nutrido en referencias y de reflexión. Estoy muy de acuerdo con los detalles que apunta acerca del cine español.

      En el arte, la industria siempre es una intermediaria contingente. Cómo evolucione y se adapte a los tiempos condiciona su supervivencia y las maneras en que percibimos la relación creador-receptor. El caso del cine no es diferente, obviamente. Y aquí llegamos a una de las cuestiones clave que afectan al sector, en mi parecer: el equilibrio entre creación por la creación (‘ars gratia artis’) y negocio se percibe de maneras muy distintas en España y en Estados Unidos, por ejemplo. Mientras en el país peninsular las industrias artísticas son percibidas como un falso sector económico que encubre un retal de «bohemios» que pretenden vivir de unas actividades que son sus diversiones, en EEUU son consideradas un negocio, de mayor o menor calado, pero un negocio. Esta razón tiene otra raíz, y es cómo se percibe el trabajo en los países de cultura hispánica frente a los anglosajones y los germánicos: sumisión y esfuerzo en los primeros, inversión y talento en los segundos, innovación e industria en los terceros. Así que en España trabajar debe ser algo tedioso, contrapuesto a la «libertad» festiva del fin de semana y únicamente provechoso para los patrones, los que invierten el dinero que promueve el negocio que sea.

      Volviendo al cine, mientras en EEUU se percibe como una industria y se le dota de crédito para hacerla funcionar, en España este crédito es rudimentario, cuando no limosnero. Y claro, así no se puede trabajar en condiciones. Si se apuesta por edificar una industria rentable se necesitan holgados presupuestos que permitan contratar actores de talento, equipos curtidos en su profesión, buenos directores y guionistas, buenos medios para el trabajo de postproducción y, bueno, qué decir de la promoción, el marketing y demás mecanismos para hacer llegar el producto a los espectadores. Y cuando esta industria existe y es rentable -y vaya si es rentable: que miren Hollywood, o Bollywood en la India-, a su alrededor comienzan a crearse escuelas para la formación de actores, profesionales de la televisión y el cine y estudios universitarios para producción y dirección de calidad que todavía aportan mayor rendimiento económico a la industria que los sostiene. Todo esto en España es precario. Por tanto, que una serie como ‘El Ministerio del Tiempo’ sea producida con tanta finura, elegancia y con unos guiones curtidos y con múltiples capas -me he abstenido en la reseña de hablar del intenso poso filosófico que posee la serie- con presupuestos muy limitados para la calidad que pretende mantener es todo un logro. La prueba es que la propia industria americana ha intentado adaptar la idea a su formato, porque ven negocio en ella.

      Aprovecho para añadir que esta misma cuestión del equilibrio entre cuidar el producto artístico (la calidad) y hacer negocio explica tanto las limitaciones de la industria cinematográfica española, por la cuestión económica, y el deterioro en la calidad de las producciones norteamericanas, por el exceso de lo segundo frente a lo primero. Galas como la última de los Oscar premian películas que de haber sido producidas décadas atrás no hubieran conseguido ni un galardón.

      Un saludo muy cordial y gracias de nuevo por leer con tanta atención mis letras,
      David Lorenzo Cardiel

      • Ya en la lejana juventud, comentabamos de las deficiencias en la adaptacion de los actores de la epoca de las ‘pelis franquistas’ o de del piano junto al escenario… Hay personas que NO NACIERON para declamar dialogos aprendidos de memoria y con naturalidad… Es solo revisar los ‘anales’ de los actores defenestrados en yankilandia en la transicion del cine mudo al cine ‘parlante’… Tambien es cierto que la inversion aqui en España es AJENA a la mentalidad indigena y mas en este tipo de nogocios, en los que esta ‘cultura’ no tiene NADA que trasmitir y no hay grupos o mafias con plancitos de ‘pinky y cerebro’ como sucede con la juderia yanki…. Lo compruebas facilmente si buscas quienes ‘financian’… quienes escriben los guiones… quienes actuan… y quienes dirigen aquel ‘cine’.
        Al principio fueron los ‘libros sagrados’ de metafisicas premasticadas de corte netamente fascista, la filosofia ‘alemana’ …de aprender a pensar ‘lo que es correcto’, la sicologia freudiana y sus concepciones manipuladas de la estructura mental, las ‘ideologias’ politicas fascistas como el marxismo o el nazismo, luego el cine o ‘las imagenes en movimiento’ – como les dice Pratchet – y hoy dia …ya superado el cine y con una conformacion siquica y sicohistorica ‘adecuada’ (¿Puedes imaginar el imperio romano sin ver al judio Charlton Heston en su ‘formula 1’?) …solo basta controlar «los medios formadores de opinion» o ‘prensa’ o ‘media’ …tal cual lo estan haciendo! NO es solo dinero y talento… Hay dos elementos que marcan las acciones humanas… Lo que los individuos CREEN…¡por encima de todas las cosas!…y es lo que llaman ‘dioses’. Y luego y sin mucha conviccion: Lo que los individuos SABEN o lo que el GRUPO ha captado en su formacion. Los ‘actores’ como grupo… no son diferentes al resto de los ciudadanos del pais…¿Sera por eso que solo los ‘internacionales’ han conseguido superar esta limitacion? Porque una cosa es cierta: desde aquellos tiempos juveniles nos dimos cuenta que las peliculas son dobladas por gente de la RADIO y NO del teatro…! Vivimos en una ‘civilizacion judia planetaria’ y encima, como dice el judio Chomsky, uno de los pocos ‘librepensadores’…creo… que no terminó como Spinoza o como ‘el judio mahometano’ Salman Rushdie…: «La gente NO sabe. Y lo peor es que NO sabe que NO sabe» … Y ni siquiera se lo imagina …

      • Efectivamente, por ahí van los mecanismos del poder, no sólo en el arte. Sin embargo, una cosa es cómo se percibe la industria del cine en diferentes países, entre ellos España, y otra bien distinta el discurso ideológico que se transmita. Siempre hay uno detrás de cada obra y, como bien dice, lo peor no es no saber, sino que la gente no sepa que no sabe.

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