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La filosofía del 15-M

La noche del 15 de mayo del 2011 un grupo reducido de manifestantes decidió espontáneamente acampar y quedarse a dormir en la emblemática Puerta del Sol de Madrid. Lo que no sabían esas personas aún eran las consecuencias que ese acto traería consigo.

La manifestación “Toma la calle” reunió a lo largo de la jornada a alrededor de 25 mil personas en Madrid el 15 de mayo de 2011. El azote de la crisis a la que algunos llamaban estafa y las decisiones políticas tomadas; unida a la cada vez más alejada clase política de sus votantes eran algunos de los principales motivos de la protesta. Al término de la manifestación en la Puerta de Sol, un grupo de unas 200 personas decidieron quedarse a dormir hasta las elecciones autonómicas que iban a realizarse en una semana.

Primeros acampados del 15-M

La prensa no prestó especial atención a la acampada, nadie era capaz de ver lo que estaba por llegar. El martes 17 de mayo a las 5 de la mañana (2 días después del inicio de la acampada) la policía irrumpió para desalojar a los manifestantes lo que generó aquello que popularmente se denomina como “la gota que colmó el vaso”. La noticia del desalojo corrió como la pólvora por redes sociales y un estallido de indignación movilizó a cientos de miles de personas por todo el país que empezaron a ocupar las principales plazas de ciudades y pueblos a lo largo y ancho del país. El viernes 20 de mayo, alrededor de 60 ciudades albergaba acampadas en plazas públicas. La ciudadanía reclamaba el espacio público como nueva sede de la acción política.

Una multitud organizada

El movimiento de los indignados y su reunión en torno a acampadas era realmente una amenaza para el statu quo económico y político del momento. En primer lugar, porque la ciudadanía estaba desmontando el prejuicio de que la política era algo reservado únicamente para los políticos y en segundo lugar, porque se estaba dando lo que el filósofo holandés Spinoza denominaba como multitud: gente organizada, politizada, empoderada y con fuerza suficiente como para poder cambiar un contexto social desfavorable. No hay nada más peligrosos para el poder, que gente con conciencia política y organizada. Pero, ¿cómo conseguimos pasar de la muchedumbre (personas aisladas, despolitizadas y sin capacidad política) a la multitud? Para Spinoza la educación era clave y en las acampadas del 15-M, los numerosos talleres, debates, lecturas colectivas y la participación activa estaba educando al colectivo.

Una de las personas más emblemáticas y queridas por el movimiento 15-M, gracias a sus entrañables intervenciones fue el ya fallecido filósofo y humanista José Luís Sampedro que como Spinoza, defendía un aprendizaje diseñado para educarnos en el pensamiento crítico, libre y propio.

José Luis Sampedro proponía la libertad de pensamiento como algo imprescindible para poder llegar a ser quiénes somos y poder así construir sociedades más justas y más humanas. El humanista defendía la rebeldía pacífica y el saber decir «no» al poder. Decir «no» cuando nos llamen a sus mítines, decir «no» cuando nos llamen a votarles o decir «no» cuando quieran aprobar leyes injustas. Y este espíritu lo encarnaba muy bien el 15-M.

José Luis Sampedro dirigiéndose al 15-M

La esperanza de conseguir un consenso unánime

El movimiento era esencialmente asambleario. Al calor de las tiendas de campaña se realizaban asambleas en las que participaban miles de personas donde cualquiera podía participar y dar su visión. Se buscaba con estas asambleas la toma de decisión por consenso y eliminar así el eje imperante que implicaba siempre una mayoría imponiéndose a una minoría. Esta visión filosófica teñida de cierto idealismo en la práctica generó debates eternos que bloqueaban la toma de decisiones debido a la discrepancia, que además iban erosionando la participación.  Esta visión sobre la búsqueda del consenso unánime parte de una visión filosófica idealista cuya tradición lleva a creer que hay una naturaleza humana común que, debatida y dialogada racionalmente, nos llevará a un acuerdo total entre todos.

Frente a esta visión, se encontraba aquella que reconoce que los individuos somos distintos y que, no tenemos por qué llegar a las mismas conclusiones bajo la misma información. Spinoza defendía  que un mismo objeto puede afectar de forma diferente a diferentes sujetos al mismo tiempo. La filosofía materialista desde la perspectiva del 15-M no buscaría el consenso sino que buscaría que no siempre fuesen las mismas mayorías las que se impusiesen a las mismas minorías. Mayorías y minorías debían ser fluidas, intercambiables y en donde la discrepancia se viese como la riqueza propia del movimiento.

Sin embargo, y a pesar de la fuerza y simpatía que despertó el movimiento, poco a poco se fue apagando, las tiendas de campaña se fueron de las plazas, los cánticos y las consignas quedaron como ecos del pasado y las plazas recuperaron su rutina. Pero como decía José Luis Sampedro cuando un ave pasa por el aire parece que nada ha cambiado, pero la atmósfera no es la que era antes y el legado del 15M aún está vivo dentro de nuestros corazones.

Por Adrian Moros (@adrixtercio)

Adrian Moros
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Estudiante de filosofía y eterno aprendiz de mi mismo. Redactor, escritor, creador y soñador empedernido.

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