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La visión filosófica de la guerra

En 1945 se disipa el humo de los últimos bombardeos que dejan al descubierto la desolación y muerte que ha supuesto 6 años de guerra. Pero la humanidad, lejos de aprender la lección, se vuelve a rearmar con lo que queda para generar una nueva época de tensión. Quizás sea por esto que para algunos, como el filósofo español Gustavo Bueno, la guerra forma parte de nuestra naturaleza humana.

La filosofía reflexiona a lo largo de la historia sobre cuestiones al respecto como: ¿qué es la guerra?, ¿se puede evitar?, ¿qué fin persigue?, ¿moral y guerra pueden convivir?

Inicialmente nos vamos a quedar con la definición que nos dice que “la guerra es la ruptura del estatus social y de las normas sociales”. Esta definición nos va a ayudar mucho a entender a Hobbes.

El filósofo inglés comparte con Gustavo Bueno la visión de que la guerra y el ser humano van de la mano. Para Hobbes en el estado natural del ser humano es decir, antes de que viviese en sociedades, las personas recurrían a la violencia constante  para competir por los recursos naturales, la comida o los mejores lugares para vivir. Hobbes busca a toda costa detener esa violencia y se le ocurre algo muy ingenioso: establecer un contrato social. Este contrato plantea un pacto entre hombres libres que renuncian a esa libertad en pro de la paz y la seguridad. Ceden su libertad al Estado que a través de las leyes o la violencia les ofrece paz y seguridad. Para Hobbes el ser humano salvaje «guerrea» y el ser humano civilizado se somete a las leyes. Existe un rechazo a lo natural.

¿Qué fin persigue la guerra?

Otros autores como Foucault o Maquiavelo han teorizado más profundamente sobre la finalidad de las guerras y cómo se relacionan con el poder.

Foucault invierte la famosa frase del militar prusiano Clausewitz que dice: “La guerra es la política continuada por otros medios”. Para Foucault justamente es al contrario, la política es la guerra continuada por otros medios. El vencedor de la guerra busca seguir imponiendo al vencido el dominio que tenía durante la guerra a través de la política en periodo de paz. Un ejemplo de esta visión podríamos encontrarlo en el Tratado de Versalles (1919) que pone fin a la Primera Guerra Mundial. Los vencedores establecen condiciones muy duras a los vencidos y desde esta perspectiva filosófica podemos entender que con ese tratado, se buscaba llevar esas relaciones de poder más allá de la guerra. Seguir dominando a los vencidos en periodo de paz.

El filósofo advierte que aun en periodo de paz, las batallas se siguen dando. La voluntad de los dominadores por mantener el dominio y la voluntad de los dominados por cambiar esas relaciones de poder, se trasladan al espacio político, lo que vuelve el conflicto mucho más complejo. Para Foucault el motor de las guerras y los conflictos son el deseo de poder y dominio.

Por su parte, Maquiavelo defiende como algo natural que en una sociedad organizada se pueda ejercer el uso de las armas. Cualquier relación política o de obediencia implica la posibilidad de tener que acudir a las armas (si no se obedece) por lo que Maquiavelo ve necesario que los Estados tengan un ejército profesional que defienda su soberanía y mantenga el orden dentro de las fronteras. Para Maquiavelo las guerras van destinadas a engrandecer al Estado y las sociedades que lo componen.

Esta visión militarista que parte de Maquiavelo, también la comparten pensadores humanistas de la época como el historiador Leonardo Bruni o el político Donato Giannotti, quienes contrastan con intelectuales también del Renacimiento como Erasmo de Rotterdam que aparte de ser uno de los personajes referentes de este periodo histórico, tiene un pensamiento profundamente antimilitarista. La famosa frase que se le atribuye al poeta clásico Píndaro «La guerra atrae a quienes no la han padecido» sintetiza muy bien el pensamiento que Rotterdam tiene sobre los conflictos armados.

¿Cabe la moral en la guerra?

La guerra entra en contradicción con la moral ya que, uno de los principales principios morales es el de no matar. Sin embargo, ¿cómo debemos actuar si estamos siendo invadidos por una potencia extranjera? ¿Y si estamos siendo objeto de violaciones de los derechos humanos como puedan ser limpiezas étnicas?

Ya en un contexto más actual para el teólogo y filósofo Leonardo Boff, una intervención humanitaria puede llegar a ser justificable moralmente si cumple tres condiciones: Que la decida la Organización de Naciones Unidas y no un país arbitrariamente, que se respete la inmunidad de la población civil y que se aplique la fuerza con proporcionalidad. Aunque el filósofo, termina por descartar esta teorización porque llega a la conclusión que en la práctica, ni se respeta a la población civil ni la proporcionalidad. De esta forma, acaba rechazando la posibilidad de que moral y guerra puedan tener puntos de encuentro más allá de la defensa propia. 

   Por Adrian Moros (@adrixtercio)

                       

Adrian Moros
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Estudiante de filosofía y eterno aprendiz de mi mismo. Redactor, escritor, creador y soñador empedernido.

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