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Refugiados climáticos. Una realidad ignorada

El sol sale de nuevo por el horizonte en Kiribati. Lo que para nosotros sería el comienzo de un nuevo día, para ellos supone uno menos en la cuenta atrás que les abocará a tener que abandonar su país si el cambio climático no se revierte.

Kiribati es un país insular situado al noreste de Australia y a escasos dos metros sobre el nivel del mar. Consta de 33 atolones esparcidos por un área de cinco millones de kilómetros cuadrados siendo el de Tarawa, el más poblado con 60 mil personas.

Desde hace diez años, el mar poco a poco va ganando terreno a los atolones y la población se ve obligada a tomar medidas al respecto para proteger sus casas del agua. Algunos como Teatata Favae y su familia recorren las playas en busca de piedras para añadir al muro que están construyendo. Teatata contaba en el documental producido por DW, Kiribati: El paraíso del pacifico que la existencia de este muro es lo único que les puede proteger del mar.

Para los Kiribatianos el cambio climático lleva tiempo siendo una preocupación cotidiana pero ¿qué puede hacer un pequeño Estado insular frente a esta problemática? El país isleño por sí solo, no puede detener un problema que se ha generado internacionalmente. Esta responsabilidad debe recaer sobre todos y especialmente, sobre aquellos que más contaminan pero, a nivel local  sí que están intentando tomar algunas medidas paliativas.

La sociedad civil dispuesta a pelear para conservar sus hogares

La primera ONG contra el cambio climático que se constituyó en Kiribati fue KiriCan. Esta ONG compuesta principalmente por grupos de jóvenes y mujeres aspira a crear redes junto con las demás organizaciones de Kiribati, y establecer contactos tanto con los gobiernos locales como internacionales, para sensibilizar y presionar con el objetivo de revertir la crisis climática.

Trabajos como la plantación de manglares (arbusto frondoso que puede llegar a los 4 metros de altura) para limitar la erosión de las mareas, la protección y canalización del agua dulce para protegerla del agua salada del mar o apoyar y asistir al gobierno local en temas relacionados con el cambio climático,  llevan el sello de esta ONG.

El gobierno por su parte ya ha comprado algunos terrenos en las islas Fiyi y prevé comprar más, si la situación en los atolones sigue degradándose y finalmente deben evacuarlos.

Los primeros refugiados climáticos del mundo

Ioane Teitiota, ciudadano de Kiribati, junto a su familia en 2014 pidieron asilo político en Nueva Zelanda. Este hecho de facto los convirtió en los primeros refugiados climáticos del mundo -al menos, en pedir asilo-. Durante un año estuvieron viviendo en el país hasta que los deportaron debido a que Nueva Zelanda no reconoce el derecho de asilo por motivos climáticos.

Pero este país oceánico no es el único. La convención de Ginebra que regula internacionalmente los estatus de los refugiados, tampoco reconoce dichas causas como hecho para conceder asilo. Para gran parte de la comunidad internacional los refugiados climáticos no existen.

Aunque Ioane y su familia no se rinden y contaban que siguen con deseos de emigrar en busca de un futuro seguro, lo cierto es que por momento deberán permanecer en Kiribati hasta que esta situación cambie y sus derechos sean reconocidos internacionalmente.

El empeoramiento del cambio climático y las consecuencias que trae consigo, no es algo que afecte únicamente a Kiribati. Según la ONU hoy en día hay aproximadamente 64 millones de personas que han tenido que abandonar su territorio por cuestiones medioambientales y se calcula, que dentro de 50 años la cifra podría llegar a 1000 millones si no se cambia la tendencia actual.

Mientras la comunidad internacional permanece ajena e inmóvil frente a una realidad que cada vez se manifiesta con más fuerza, Ioane junto a su familia y otras personas en situaciones parecidas deben esperar resignados y ver como poco a poco sus sueños y sus vidas se van hundiendo junto a sus casas.

Por Adrian Moros (@adrixtercio)

Adrian Moros
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Estudiante de filosofía y eterno aprendiz de mi mismo. Redactor, escritor, creador y soñador empedernido.

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