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Visiones filosóficas de la eutanasia

Cuando se habla de eutanasia, normalmente suelen encontrarse dos visiones enfrentadas. Por un lado, están aquellos que defienden la eutanasia como una herramienta que libera al enfermo de su sufrimiento, es decir, como un ejercicio de empoderamiento del paciente con respecto a su enfermedad. Existe en esta visión una noción de la libertad sartreana. Sin embargo, la segunda visión entiende la eutanasia como un fracaso de la medicina, la cual está para salvar vidas y, por tanto, cualquiera que ayude a quitarla no solo se estaría enfrentando a una inhabilitación, sino también a un delito.

En los países hispanohablantes parece que se ha optado por apoyar la segunda noción. La eutanasia solo es legal en Colombia y, de hecho, apenas Canadá, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo acompañan al país latinoamericano en esta lista.

En España hace poco saltó a los medios de comunicación un caso realmente dramático. Ángel Hernández, pareja de María José Carrasco, una mujer con esclerosis múltiple, grabó un vídeo en el que mostraba cómo ayudaba a su mujer a morir. Sorprende ver la entereza y la naturalidad con la que gestionaban el momento y más si se tiene en cuenta que vivimos en sociedades que, por lo general, no hablan de la muerte.

María José Carrasco al cuidado de su marido Ángel Hernández

Años atrás la pareja se había prometido que cuando la enfermedad llegase a un punto inasumible para ella, él le ayudase a morir con dignidad. También acordaron no hacerlo a escondidas y, para esto, decidieron grabar el proceso para que se viese hasta qué punto la legislación obliga a las personas a tener que comprar la medicación en lugares de dudosa procedencia y sin poder realizar la muerte asistida con la garantía de profesionales. Buscaban remover conciencias.

La eutanasia en la filosofía antigua

La eutanasia y la muerte en la filosofía siempre han sido un tema de reflexión y debate. Marco Aurelio, en las “Meditaciones”,escribió: “no desdeñes la muerte; antes bien, acógela gustosamente, en la convicción de que ésta es también una de las cosas que la naturaleza quiere”. Para los Estoicos la muerte era una etapa más de la vida y hasta cierto punto se aceptaba con naturalidad y se reflexionaba abiertamente sobre ella. De hecho, el propio Séneca, uno de los pensadores estoicos más emblemáticos, recomendó a un amigo que padecía de una enfermedad incurable y muy dolorosa, que no tuviera miedo a la muerte. La cuestión de la muerte, decía Séneca, es morir con “honestidad, con prudencia, con fortaleza”. Ludwig Edelstein, uno de los historiadores médicos más importantes, defendía la tesis de que los médicos de la época antigua ayudaban a morir a sus pacientes si estos se lo pedían sin que ninguna administración lo impidiera.

Ludwig Edelstein

La tendencia cambió en el siglo IV cuando el cristianismo fue ganado fuerza en Occidente, a partir de este momento el suicidio fue visto como algo negativo. Agustín de Hipona en su obra “La ciudad de Dios” lanzó una condena rotunda al suicidio y lo equiparó a uno de los pecados más graves que se podían cometer. En este mismo sentido, Tomás de Aquino dijo: “el suicidio es uno de los pecados más graves porque uno no puede arrepentirse de él”. Tanto moralistas como teólogos de la época fueron cambiando la visión que se tenía sobre el suicidio y la eutanasia hasta el punto de llegar a quemar en la hoguera a médicos que ayudasen a morir a sus pacientes.

La eutanasia en la actualidad

Hasta cierto punto, los códigos penales han heredado ese estigma que dejó la religión sobre el suicidio, lo que ha provocado que casos como el de María José Carrasco tengan que ser atendidos por familiares en espacios domésticos y con riesgo de sanciones penales. En su caso, Ángel Hernández tuvo que pasar varios días en el calabozo y enfrentarse a juicio por ayudar a su mujer a morir.

En la actualidad, la comunidad médica está bastante dividida. Si bien es cierto que el principio de autonomía personal suele prevalecer y que en un futuro esto puede abrir la puerta a la legalización de la eutanasia, hay colectivos que defienden que en este contexto el médico pueda negarse a realizarla como objetor de conciencia. Otros, sin embargo, hablan abiertamente de un acto ilegal y criminal, que debe atenerse a posibles responsabilidades penales.

Si bien es cierto que todas las posturas deben ser respetadas ¿hasta qué punto es moral que una posición se imponga a otra?

Por Adrian Moros (@adrixtercio)

Adrian Moros
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Estudiante de filosofía y eterno aprendiz de mi mismo. Redactor, escritor, creador y soñador empedernido.

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