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¿Quién construyó el machismo moderno?

El liberalismo en España se introdujo a principios del siglo XIX. Cabe destacar la aprobación de la constitución de Cádiz de 1812 como uno de los puntos álgidos de este movimiento. Esta constitución, entre otras muchas cuestiones, buscaba modernizar un país que hasta entonces había sido férreamente dominado por una mentalidad religiosa. La Ilustración era un movimiento intelectual de carácter racionalista y cientificista que había conseguido recorrer gran parte del continente Europeo del siglo anterior.

Cuando el liberalismo consiguió penetrar definitivamente en el país hubo cierta tendencia hacia el progresismo. Con la aceptación por parte de científicos y médicos de la corriente positivista que entendía la ciencia como única herramienta para explicar el mundo, la ciencia pasó a ser independiente de la religión e incluso a sustituir a Dios como fuente de conocimiento.

Aparte de todo esto, el Spencerismo también irrumpió con fuerza en el país con la teoría evolucionista, empezando a condicionar campos de conocimiento como la antropología, la sociología o la psicología. 

Esta nueva ola progresista, que buscaba sacar a España de siglos de dominación religiosa y subordinación, no hizo lo propio con las mujeres, que siguieron padeciendo la misma misoginia de siglos anteriores. La supuesta inferioridad de la mujer fue en ese momento defendida y justificada por la ciencia. Las mujeres eran entendidas como seres que habían evolucionado hacia la crianza y el cuidado, justificando así el hogar como el espacio natural de ellas. El estudio de los cráneos y su morfología llevado a cabo por el anatomista Franz Joseph Gall también sirvió de análisis científico para defender una supuesta inferioridad intelectual de la mujer, justificando de esta manera su exclusión del mundo científico y académico. La teoría evolutiva también se utilizó para introducir la noción de que había seres más evolucionados que otros y, por tanto, la necesidad de crear jerarquías en la que unos individuos (hombres) quedaban por encima de otros (mujeres).

Franz Joseph Gall

En este punto, tanto religión como ciencia iban de la mano. Incluso la religión no era tan agresiva en su concepción de la mujer. El cuerpo doctrinario de la iglesia, entendía a la razón como un ente desprovisto de sexo, hecho por el cual, esta podía estar presente también en la mujer. El hecho de que las féminas poseyeran también razón, llevó a la iglesia a defender la idea de una educación básica para ellas, que les enseñara labores propias del hogar y la crianza. Sin embargo, a esta idea de educación, la escritora y pensadora María José Tacoronte Domínguez, en su artículo Una aproximación a la construcción de la mujer en España (siglo XX) publicado en la revista Cuadernos del Ateneo, defiende la critica como una estrategia de la iglesia para poder seguir teniendo influencia dentro de la esfera social por medio de la mujer. En una sociedad en la que el hombre paulatinamente iba abrazando la ciencia como fórmula de verdad, la mujer, para la iglesia, era vista como la herramienta perfecta para poder cumplir con ese menester.

Estas tesis evolucionistas y eclesiásticas contrastaban con las krausistas, que defendían la mejora de las condiciones de la mujer y el acceso a una educación general. Esta corriente de pensamiento, con influencias humanistas, que también llegó con fuerza a nuestro país, planteaba que los seres humanos éramos iguales y que la educación pasaba por ser la fórmula perfecta para mejorar el conjunto de la sociedad.

Julian Sanz del Rio, introductor del krausismo en España

En cuanto al feminismo, entendido como la búsqueda de igualdad entre mujeres y hombres, que antes del final del siglo XIX era bastante escaso, era perseguido y denostado tanto por religiosos como por evolucionistas. Los religiosos creían que este movimiento buscaba subvertir el orden jerárquico de Dios, que claramente había puesto al hombre por encima de la mujer. Recordemos que en el Génesis el hombre es creado por Dios directamente y la mujer a partir de este. Y los evolucionistas veían en el movimiento feminista, que se empezaba a formar y a tomar fuerza, una amenaza debido a que desnaturalizaba y desvinculaba a la mujer de una naturaleza que era entendida por los evolucionistas como fija e inmutable.

Por Adrian Moros (@adrixtercio)

Adrian Moros
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Estudiante de filosofía y eterno aprendiz de mi mismo. Redactor, escritor, creador y soñador empedernido.

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