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El cuento de la criada, ¿realidad o ficción?

Si buscáis una serie de televisión que os pudiese ayudar a entender qué es el heteropatriarcado y cómo articula desde sus entrañas el machismo y la homofobia más viscerales y, al mismo tiempo, cómo alimenta el fanatismo, el fascismo y la lucha de clases sin que os pudierais despegar ni un segundo de la pantalla, sin duda os recomendaría la serie El cuento de la criada. Creada por Bruce Miller se basó en la obra del mismo nombre escrita por la activista canadiense Margaret Atwood. 

Nos encontramos en la república de Gilead que no es sino los EE.UU de América renombrada por unas élites teocráticas que tras vencer en la guerra civil consiguieron el poder absoluto. En este mundo distópico hay una crisis de natalidad. La contaminación ha dejado infértil a gran parte de la población lo que ha supuesto el descenso dramático de los nacimientos. Este hecho es interpretado por la élite teocrática como un castigo divino a las vidas de excesos y pecados de la sociedad que habitan y por lo tanto, su misión es la de revertir la situación aplicando todas aquellas medidas que consideren oportunas (incluidas la represión y la tortura). El carácter misógino de estas élites lleva directamente a culpabilizar a las mujeres como causantes de la crisis y sobre las que recae la responsabilidad de superarlas.

Las mujeres son desposeídas de su vida anterior (trabajo, hijos, etc.) y divididas jerárquicamente. En la cima encontramos a las esposas que son las mujeres de la élite dominante (la clase alta). A continuación las economujeres que son aquellas mujeres infértiles pero que cumplen con los requisitos morales y legales que impone el régimen teniendo así cierta independencia. Por último, en la parte más baja de la jerarquía encontramos a las criadas, mujeres fértiles puestas al servicio del Estado para fabricar hijos y a las no mujeres (lesbianas, viudas, solteras o feministas) que son enviadas a las colonias (lugares radioactivos que deben limpiar hasta que mueran). 

De entre todos estos estamentos sociales si hay uno donde se desata toda la misoginia, machismo y clasismo será sobre las criadas y no mujeres. Las criadas son las pocas mujeres fértiles que quedan y su misión será únicamente la de proporcionar hijos a la sociedad. Sus cuerpos son puestos al servicio del Estado y tratados como meras mercancías que sirven a ese fin. Estas mujeres desposeídas de vida y tras un proceso de reeducación en centros especializados a base de torturas, mutilaciones y adoctrinamiento, son entregadas a familias de clase alta con el objetivo de dejarse violar sistemáticamente hasta dar a la familia un hijo que, tras el proceso de amamanto, la criada será asignada a otra familia repitiéndose todo el proceso. Este grupo de mujeres sufrirá por una parte la misoginia y la cosificación de los hombres del hogar, y por otra la discriminación de clase, que al ser consideradas como simples herramientas serán tratadas con desprecio por las señoras del hogar. 

Las no mujeres son todas aquellas que se salen de los patrones morales y legales del régimen como la homosexualidad, el activismo en general, la familia no tradicional o el respeto de las leyes y la moral religiosa y serán tratadas directamente como escoria humana condenadas a trabajar en la limpieza de lugares radioactivos hasta su muerte. Tienen menos valor incluso que las criadas, ya que estas son una mercancía valiosa en tanto que producen hijos para el régimen. 

Trailer de la primera temporada de El cuento de la criada

Lo cierto es que en Gilead todas las mujeres son oprimidas independientemente de la escala jerárquica que ocupen. Tienen prohibido trabajar, lo que les hace económicamente dependientes, no pueden leer, escribir, se les ha expulsado de la vida pública y se les puede maltratar sino se someten a la voluntad del marido. Su papel queda relegado al hogar y a la obediencia del esposo. 

¿Realidad o ficción? 

Aunque parece descabellado poder pensar que nuestros países pudieran acabar en una deriva tan violenta y deshumanizada, lo cierto es que en algunos países como en España, la realidad a veces parece querer competir con la ficción. En este país partidos políticos como Partido Popular o Ciudadanos, proponen legalizar los vientres de alquiler. Este pensamiento sigue de algún modo la misma estela machista y clasista que Guilead tenía con las criadas. Machista porque reduce a la mujer a una mera herramienta para obtener hijos, la mujer queda única y exclusivamente ligada a su faceta natural, deshumanizándola y pudiendo comprarla y venderla únicamente por el valor de su útero. Y clasista, porque esta medida suele ir enfocada a mujeres pobres que no tienen suficientes recursos económicos y que, a veces, pueden aceptar fruto de su situación precaria. 

Otra medida que con vuestro permiso me voy a permitir el lujo de calificarla como deleznable, es el chantaje que el Partido Popular hace a las mujeres en situación de inmigración irregular. Recientemente este partido ha propuesto dentro de sus propuestas políticas, que las mujeres en situación irregular en el país pueden “blindarse” durante un tiempo limitado contra una posible expulsión, si dan en adopción a su hij@. Dar hijos al país a cambio de poder quedarse unos meses. Si ya de por sí estas mujeres han huido del machismo más aberrante de sus países con violaciones y maltratos constantes, el Partido Popular aún quiere añadir más sufrimiento a sus vidas poniéndolas ante un dilema totalmente inmoral. 

Pero España no es la única región del mundo que parece no querer sacudirse del todo el heteropatriarcado. Latinoamérica también arrastra una amarga realidad para las mujeres y es, el asesinato de dirigentes sociales y activistas feministas. Por ejemplo Sherlyn Montoya, defensora de los derechos transgénero que fue asesinada en Honduras, Yoryanis Bernal Varela, luchadora por los derechos de la mujer indígena y asesinada por atacantes armados en Colombia o María da Lurdes Fernandes que fue tiroteada y asesinada junto a su marido por defender el derecho a la tierra y denunciar la adquisición de tierras ilegales en Brasil, entre otros muchos casos. 

Pero si realmente hay un país que se asemeja más a Gilead en todas sus facetas, es sin duda Arabia Saudita. En este país las mujeres por ley son tuteladas durante toda su vida por su padre o marido sin tener independencia en sus vidas. Necesitan permiso masculino para viajar al extranjero, estudiar o casarse. Como en Gilead la misoginia se justifica a través de interpretaciones extremistas y tremendamente forzadas de escrituras religiosas. 

Gilead sin duda es una herramienta muy eficaz a la hora de explicar cómo se estructura y bajo qué mecanismos actua el patriarcado. Desde la expulsión de las mujeres de la vida pública y laboral convirtiendolas en un colectivo muy vulnerable y dependiente facilitando así su explotación y represión, hasta la utilizacion de las mujeres como carnaza para limpiar la radiación que en buena parte fue producida por las propias sociedades patriarcales que ya operaban antes de Gilead, pero bajo una cara más amable. 

El cine muchas veces puede ser un poderoso aliado porque con pocas imágenes es capaz de explicar mucho. Ya sabemos el dicho “una imagen vale más que mil palabras”.

Por Adrián Moros (@adrixtercio)

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