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Felicidad y filosofía

Queremos que la felicidad sea nuestra eterna compañera de viaje. Aquella que nos ayude a sobrellevar mejor la vida del absurdo que describía Albert Camus. Cuando intuimos que se aleja de nosotros, intentamos sujetarla pero se nos escapa como la arena entre los dedos. Cuando no la tenemos la buscamos y muchas veces ni siquiera sabemos como encontrarla o qué forma tiene. ¿Qué es la felicidad?¿Cómo ha ido cambiando?

De acuerdo con Jorge Romero Gil, doctor en geografía por la universidad de Barcelona, la filosofía ve a la felicidad como el bien supremo, aquello que se entiende por “sumo bien”. La felicidad es algo que se siente, algo que vivimos en concordancia con lo que aprendemos de nuestras sociedades y entornos. La felicidad no siempre tendrá la misma forma para todas las culturas y épocas, algunos griegos clásicos como Sócrates, vinculaban moral y felicidad. Aquel que era moral tenía felicidad y plenitud. La persona debía controlar y alejarse de los placeres del cuerpo y centrarse en el cultivo del alma, cuestión que le permitía llegar a un estado de quietud y tranquilidad. Pero no todos los griegos concebían igual la felicidad. Para Epicuro, la felicidad era una herramienta para alcanzar la ataraxia, que sería la ausencia de dolor tanto físico como espiritual. La ataraxia la conseguimos más fácilmente satisfaciendo los placeres sencillos de la vida como viendo una puesta de sol o teniendo una buena conversación. Aquel que desea lo complejo, tendrá difícil alcanzar dicho estado.

En la Edad Media se impone la visión socrática de la felicidad. Esta se vincula al alma y se aleja de los placeres corpóreos que proponían los hedonistas como herramienta para alcanzarla. La religión intentará consolar al fiel por medio de la fe y la devoción a Dios. Los caminos que nos marque Dios son los que nos llevarán por medio de la virtud y moral a la vida plena. Pero no todas las religiones ven la felicidad de la misma forma, los budistas por ejemplo, buscan entender el sufrimiento. El conocimiento es un poderoso aliado para librarnos de ansiedades y llegar a un estado de paz y armonía.

Entrando en la Edad Contemporánea nos encontramos con Kant, quien no tiene una buena opinión de la felicidad. Para el esta puede volverte arrogante, te induce una falsa realidad que te impide ser objetivo y racional. Por su parte David Hume vuelve el tema a lo material. Los pobres sufren demasiado para poder ser felices y los ricos viven en el exceso absoluto que les impide disfrutar, por lo tanto la felicidad sería más fácil de conseguir para aquellos que se encontraran en una posición intermedia. Siguiendo esta esquela materialista encontramos a Marx, quien cree que la felicidad material se consigue a través del socialismo, que a través del colectivismo, sería capaz de trasmitir felicidad al pueblo. Finalmente nombraremos a Gandhi quien cree que para ser felices debemos tener fe en nosotros, ser quienes somos y saber perdonar.

Por Adrián Moros (@adrixtercio)

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