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El impasse político y la desigualdad en las herencias movilizan a las mujeres tunecinas

El frenético momento en el que se encuentra el movimiento feminista mundial, se  refleja en el reducido hueco que Nabila Hamza, referente de la lucha por los DDHH y las mujeres, encuentra entre llamadas, reuniones o peticiones de entrevistas, mientras se prepara la marcha por la igualdad del sábado 10 en Túnez.

Ese tremendo esfuerzo, no se vuelve cansancio, sino que es la propia Nabila la primera que arranca con preguntas para saber cómo se está respirando en España las horas previas de la histórica huelga feminista. Su interés hacia lo que pasa en los movimientos sociales del mundo no es particular o anecdótico. Confiesa que siente esa necesidad, como muchos, por ser “la última chispa de lo único que triunfó en las Primaveras Árabes. Y porque si fracasamos ahora, fracasa todo”.

Ese sentir colectivo, de haberse quedado a mitad de camino, entre el derrocamiento de Ben Ali en 2011 y la consecución de una transformación social mucho más ambiciosa, es el resultado de una transición muy difícil. Punto muerto, que además se ha irrigado del miedo por el terrorismo o la crisis económica, convirtiendo el estruendo popular en la división de iniciativas o partidos. Razones que han beneficiado enormemente según Hamza, a los movimientos islamistas y sectores que aunque se denominen progresistas, se encuentran cómodos mientras no tienen que posicionarse en temas tabú como la homosexualidad o la igualdad en las herencias entre mujeres y hombres.

Precisamente, sobre este último tabú, la desigualdad entre mujeres y hombres en las herencias, será la reivindicación que encabezará la marcha central de Túnez el sábado 10.

Cartel de la macha por la igualdad de herencia entre hombres y mujeres en Túnez

Hamza se toma su tiempo para explicar el por qué han decidido que este sea su eje central. Para ella, Túnez no se puede comparar con los mismos parámetros que otro país del entorno del Magreb. “Siempre hemos tenido un debate de identidad como árabes, mediterráneos, cartagineses…”, de esta misma premisa, el contexto político tunecino, tampoco se puede comparar, ya que el país independientemente de sus etapas, ha estado marcado por olas de reformas sociales, especialmente para las mujeres, desde que Habib Burguiba, primer Presidente del país tras su independencia, encaminara un Estatuto de la mujer tunecina como ciudadana, hecho que sigue influyendo enormemente. Por ejemplo, el aborto en Túnez se aprobó como legal en 1964 o la educación obligatoria, siendo hoy las mujeres el 60% de las estudiantes universitarias. Este “código de la familia tunecina” de Burguiba y la busca de legitimidad mediante la promesa de reformas, siempre ha estado presente en la política tunecina.

Muestra de ello, el pasado 13 de agosto, día de la mujer tunecina, el actual Presidente, prometió derogar las desigualdades entre mujeres y hombres en las herencias, quedando en un paso en falso ante el temor de las próximas elecciones. Es por ello, que el movimiento feminista se ha marcado como objetivo su derogación sorpassando al “reformismo lento de las autoridades” y a los partidos islamistas, apoderándose del momento histórico e ideario de reformas sociales, y con una reivindicación que se transversaliza a todas las mujeres del país, que han sufrido durante décadas repartos injustos de tierras o bienes.

Por Jesús Guerra (@LasPurnas)

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