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¿La vida tiene sentido?

¿La vida tiene sentido? ¿Estamos vivos por algún motivo u objetivo? ¿Cómo debemos afrontar la vida y qué podemos esperar de ella?

Para Camus la vida carece de todo sentido, no hay ni una finalidad, ni un objetivo superior que satisfacer.

Camus creerá que la vida es insignificante por sí misma, que solo poseerá el valor que nosotros queramos darle.

El ser humano se esfuerza por darle sentido a la vida. Algunos le dan sentido creyendo en dioses, otros creyendo en la ciencia y otros, por ejemplo, en el amor. Para Camus estos esfuerzos fracasarán, porque para él no existe un objetivo trascendental, es decir, que sea superior a la persona. El creerá que la vida es insignificante por sí misma, que solo poseerá el valor que nosotros queramos darle y que deberíamos alegrarnos por la falta de este fin último y no desolarnos, porque nos permite ser dueños y constructores de nuestra vida.

Esto es la filosofía del absurdo. Aquello que es una razón para continuar vivo también puede ser una razón para morir. Por ejemplo, el amor hacia una persona puede dar sentido y llenar nuestra vida y el desamor vaciarla y preferir el suicidio.

La vida es un absurdo puesto que no existen un fin en ella y los sujetos nos convertimos en absurdos cuando intentamos de algo insignificante hacer una obra que vaya más allá de nosotros mismos.

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Para Camus hay 3 formas de enfrentar esta ausencia de sentido de la vida:

La primera: el suicidio como salida. La fatal confesión de que la vida nos ha superado, que no la entendemos, que no la podemos explicar y que concluimos que no vale la pena vivirla.

Los sujetos nos convertimos en absurdos cuando intentamos de algo insignificante hacer una obra que vaya más allá de nosotros mismos.

La segunda: entregarse a una fe porque es visto como la negación del absurdo, negar la evidente carencia de sentido de la vida. Cuando no entendemos a la vida, aparecen los dioses y los dogmas para dársela y así poder vivir a salvo de la incertidumbre.

Y la tercera, que para Camus sería la correcta: aceptar el absurdo, renunciar a buscar explicación y vivir la vida con la independencia, la autodeterminación y la insignificancia individual que se desprenden del supuesto de que esto es todo cuanto hay, de que no hay Dios ni vida futura en otro tiempo y lugar, pero sin jamás perder de vista que, a pesar de todo, la vida vale la pena vivirla.

                                                                                                              Por Adrián Moros

 

 

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