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Un proyecto crea energías renovables con la cáscara del anacardo

Julia Artigas trabaja desde principios de año en un proyecto de cooperación que busca crear energías renovables con los residuos de los anacardos en Bobo-Dioulasso (Burkina Faso). Hablamos con ella sobre este proyecto y cómo lo están consiguiendo.

Cada tonelada de nuez de anacardo contiene un 73% de cáscara. El resto es el fruto pequeño y curvilíneo que podemos encontrar en diversos comercios de alimentación, preparados de maneras muy diversas como deliciosas. Lo que pocos saben es que este frutito viene cubierto por una fina película (como las almendras) que es un potencial combustible, por kilogramo es capaz de aportar más energía que incluso la madera.

En 2015, la zona oeste de África fue responsable del 45% de la producción mundial de Anacardo. Ese mismo año, Burkina Faso tuvo una producción de cerca de 75000 toneladas, con una extensión plantada de aproximadamente 325000 hectáreas, localizadas principalmente en el sur del país. Fuente aquí

Pero no puede ser todo tan maravilloso. Existe una trampa, y es que las cáscaras de este fruto son muy engorrosas de tratar. Contienen un aceite irritante que además se libera al ser quemado. ¿Y si se pudiera crear un método capaz de acabar con este riesgo y a la vez mejorar el proceso de producción sin deteriorar el medio ambiente?

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Fruto de anacardo verde. Fuente: Pixabay

Es aquí donde aparece Julia Artigas, ingeniera química, investigadora y miembro de un equipo formado entre Fullwell Mill, la empresa en la que trabaja, el Grupo de Procesos Termoquímicos de la Universidad de Zaragoza e Ingeniería Sin Fronteras Aragón. Julia trabaja para, a través de una máquina ‘gasificador’ crear gas natural de la combustión del fruto del anacardo para ser aprovechado como energía en la propia producción. Sin embargo, este progreso no consigue gestionar todo el problema. Y es que con esta técnica solo se aprovecha una cuarta parte de los residuos de los anacardos.  Para encontrar una solución más completa surgió la idea de crear un carbonizador.

Fullwell Mill es una empresa con base en Reino Unido dedicada a la fabricación y comercio justo de alimentos procedentes de países como Burkina Faso, Uganda o Pakistán.

“Hemos conseguido una ayuda de la Cátedra de Cooperación al Desarrollo de la UZ. Estamos desarrollando y testeando unos hornos de carbonización adaptados a esta materia tan particular y a los recursos de las PyMEs de la región”, informa Julia. Argumenta que este proyecto es de gran valor ya que esta problemática se repite en otros muchos países como Costa de Marfil, Ghana, Benín o Guinea-Bissau.

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Vertido de cáscara de anacardo en Burkina Faso. Fuente: Julia Artigas

“Si queremos aprovechar la energía de esta biomasa debemos recurrir a otros métodos similares a la combustión: lo que hacemos es pirólisis o gasificación que es una descomposición térmica en atmósfera pobre en oxígeno”, explica Julia que se encuentra en la ciudad de Bobo-Dioulasso.

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La gasificadora.

Básicamente, el calor del reactor gasificador logra que las cáscaras se degraden y liberen un gas que a su vez sirve de combustible (syngas o gas de síntesis).  “Quemando el gas obtenemos mejores rendimientos, y sobre todo menos emisiones que si quemáramos directamente las cáscaras. El calor de la llama alimenta una caldera que produce vapor para los diferentes procesos de la fábrica”.

Por una parte está la gasificadora que genera energía para el propio tratamiento del fruto, y por otro lado está el carbonizador. Al final de la jornada se descargan los restos de cáscara del interior del reactor que se han convertido en carbón. Todo una revolución en cuanto a la búsqueda de energías renovables se refiere y a la creación de economía circular. “Esto es importante para la población africana y demás países que utilizan la madera o carbón vegetal como fuente de calor y para usos domésticos”, añade Julia.

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El 90% de la producción de anacardo se procesa en Europa y Norteamérica. Solo el 10% se trabaja en los países productores.

El carbón de cáscara de anacardo aparece pues como un carbón alternativo al carbón de madera, un factor de desforestación importante. Todos los días, el personal de la fábrica puede recoger un buen saco de carbón,repartido de manera gratuita en función de la necesidad de cada uno.

Por cada 100 kg de anacardo bruto, se obtienen 20 kg de nuez apta para el consumo, y para transformar esta cantidad diariamente son necesarios 5 trabajadores. 

Pese a las múltiples ventajas, solo un cuarto de las cáscaras son utilizadas en este proceso de gasificación. Los otros 3/4 siguen siendo considerados un residuo muy problemático para el ecosistema. Cuando llueve, el agua arrastra hasta ríos y embalses parte del aceite ácido del fruto de anacardo, lo que pone en riesgo a la población.

Por el momento, los creadores de este proyecto se mantienen entusiasmados con los resultados. Entre agosto y septiembre de este año se redactará el informe final del proyecto y quizá muy pronto este sistema llegue a otras fronteras del continente africano.

                                                                                                Flor Medina (@Fsilvestre5)

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