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La banalidad del mal

En mayo de 1961 dio inicio en Israel uno de los mayores acontecimientos del momento desde los juicios de Núremberg. Israel sentaba en el banquillo a uno de los principales responsables del exterminio de judíos en los campos de concentración nazis de Polonia, Adolf Eichmann.

Pongámonos en situación. El principal responsable burocrático de la muerte de cientos de miles de judíos estaba siendo juzgado en el único Estado del mundo autodenominado judío. En el ensayo Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal, la autora Hannah Arendt nos quiere reflejar con las siguientes palabras la tensión del inicio del juicio: “audiencia pública, estas palabras que el ujier gritó a todo pulmón, para anunciar la llegada de los tres magistrados, nos impulsaron a ponernos en pie de un salto, en el mismo instante en que los jueces, con la cabeza descubierta, ataviados con negras togas, penetraron por una puerta lateral en la sala y se sentaron tras la mesa situada en el alto estrado.”

La banalidad del mal

Eichmann estaba acusado de los delitos de crímenes contra el pueblo judío, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra.

El acusado siempre defendió su inocencia: “no he matado ni dado órdenes de matar a judío alguno”. Aseguraba que se limitó a cumplir la ley vigente. Aseveraba también que no tenía ningún tipo de odio hacia los judíos, que muchos amigos suyos habían sido judíos en el pasado. Y en su retórica mostraba no ser una persona especialmente brillante como se le presupone a alguien que había participado en tamaña atrocidad.

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Adolf Eichmann toma notas durante su juicio.

Conforme avanzaba el juicio cada vez era más desconcertante, 6 psiquiatras habían evaluado el estado mental del sujeto, concluyendo que no tenía problema mental alguno y, por si fuera poco, el cura que le visitaba en prisión con regularidad aseguraba que parecía un buen hombre, pero….  Si esto era verdad, ¿cómo fue posible que un hombre, que no parecía ser más inteligente de lo normal, sin especial odio hacia los judíos y sin ningún tipo –al menos aparentemente- de problema mental pudiera haber participado en tales atrocidades? Arendt sostiene que Eichmann era un eslabón más de la cadena, una pieza más en el rompecabezas que tenía que hacer su trabajo. Tenemos que entender que el proceso de exterminio a esa escala era tremendamente complejo, en el que participaban decenas de personas que tenían sus áreas de trabajo. Unos se encargaban del papeleo de la admisión de los judíos en los campos, otros del transporte en los trenes, otros de la logística. Uno de los males más grandes de la historia humana se había convertido en un mero trámite burocrático.

Esto rompió el tópico tradicional de que el mal más grande del mundo está hecho por gente malvada, perversa e inteligente. El mal más grande del mundo está al alcance de la gente normal. Basta con que haya mucha gente que decida renunciar a pensar, a negarse a distinguir entre el bien y el mal y que decida someterse a cualquier ley vigente para que prevalezca dicho mal.

Arendt sostiene que Eichmann se convirtió en su propia víctima cuando renuncio a pensar, a plantarse ante la barbarie, a negarse a participar en ese acto…. En resumidas cuentas, cuando renunció a ser persona.

La polémica

Arendt tuvo que soportar muchas críticas por parte de la comunidad judía cuando analizó el papel que había tenido la Judenrat en el exterminio nazi. La Judenrat eran consejos judíos elegidos por los nazis para que controlaran a los judíos en los guetos. Hacían funciones de inventariado, confidentes y de acompañantes en las deportaciones. Eran como la figura de los ‘negreros’ en la esclavitud norteamericana. Negros que trabajaban con sus amos blancos para esclavizar a otros negros.

Arendt era muy crítica con la Judenrat, lo cual a priori debía haber sido visto como un acto de honestidad hacia las víctimas del holocausto porque, independientemente de su procedencia judía, habían participado en aquella barbarie colaborando con los alemanes en el exterminio de su propio pueblo. Pero en ese momento, en la sociedad norteamericana y en especial en la judía, el carácter emocional en las opiniones tenía mucho más peso que el racional y era difícil digerir este tipo de análisis.

Los campos

Puede que alguno de vosotros, o bien leyendo este texto o bien en otras situaciones, os hayáis preguntado cómo es posible que las personas de camino a los trenes que les llevaban hasta su muerte no se enfrentaran a los pocos cientos de guardias y escaparan. La respuesta está en los campos de concentración.

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Los campos estaban diseñados para anular la personalidad de los internos. Humillaciones, vejaciones…. Cualquier tipo de atrocidad que sirviese para que los internos estuvieran en un estado de sumisión continúa. Los sometían a torturas constantes, día a día hasta que esto provocaba que aquellos que iban ya a su muerte fueran vistos por sus compañeros como unos privilegiados.

Los campos también hacían creer a los internos que eran innecesarios, sobrantes de la sociedad, inútiles y que lo único que merecían era morir. Todo esto conseguía que una vez que los judíos eran conducidos a los trenes no se revelaran e incluso lo vieran hasta con alivio.

Si te ha gustado esta publicación y quieres ampliar más esta visión, recomiendo ver la película biográfica de Hannah Arendt dirigida por Margarethe Von Trotta.

                                                                                                                              Por Adrián Moros

 

 

 

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