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Reality shows extremos, cuando el sufrimiento ajeno se vuelve entretenimiento

30 concursantes. En Siberia. A 40 grados bajo cero. Durante nueve meses. Por más de 1 millón de euros. Estos son los ingredientes de uno de los reality shows más extremos jamás planteados. Se trata de “Game 2 Winter”, el programa ruso donde todo puede ocurrir: “luchas, asesinatos o violaciones”.  La propuesta es tal que muchos medios lo han calificado como ‘Los Juegos del Hambre ruso’.

El primer episodio está previsto para el 1 de julio de este año, y con él se abrirá otro camino en el largo trayecto que llevamos recorrido de programas donde el dolor, el miedo y el hambre son los protagonistas.

No es la primera vez que una cadena de televisión apuesta por contenidos de este calibre. Estados Unidos cuenta con un largo historial de concursos humillantes y peligrosos. En 2001 aparecía “Fear Factor” en la NBC, no exento de polémica, las constantes pruebas – en la que los concursantes se exponían a sus peores miedos como comer insectos u órganos crudos, acostarse en una bañera llena de ratas o cucarachas o caminar entre serpientes – alcanzaron un récord de audiencia, 16 millones de personas solo en el país norteamericano. Pero ¿realmente nos gusta ver esto? ¿por qué?

 Para el doctor en psicología Ricardo Fueyo Díaz  “sobre gustos no hay nada escrito. Hay personas que pueden disfrutar con estos espectáculos y a otros resultarles desagradables. El factor común es, probablemente  la novedad, el acceder a reacciones inusuales ante situaciones poco frecuentes“.

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“Karaoke Killer” concurso estadounidense adaptado en 13 países donde el participante debe cantar aunque intenten interrumpirlo de muy diversas maneras.

Lo novedoso gusta, a más escaso mayor es la atracción que ejerce, lo que conduce a reacciones inéditas tanto en los concursantes como las emociones de los espectadores. No obstante, ¿ver estos contenidos pueden desarrollar una patología como el sadismo? Ricardo Fueyo responde. “En el desarrollo de una patología intervienen tanto factores genéticos como aprendidos. Herencia y ambiente se combinan para producir un trastorno. La genética, por lo general, solo predispone mientras que el aprendizaje moldea esa predisposición”.

El psicólogo destaca que lo que sí se podría producir es una desensibilización en algunas personas. “Es decir, a algunas personas les podría costar menos ejecutar determinadas conductas por haber aprendido vicariamente -por observación cómo ejecutarlas-, las sensaciones asociadas y las consecuencias derivadas de las mismas”.

En 1958 el psiquiatra sudafricano Joseph Wolpe introdujo una técnica cognitivo-conductual llamada ‘desensibilización sistemática’ que consiste en exponer al paciente de manera gradual a fobias o situaciones que le generan ansiedad para así superarlas. A partir de ahí ha habido numerosos estudios que certifican el éxito de esta técnica.

Con esta premisa como base también se han realizado otros estudios que analizan los efectos sociales de las imágenes violentas o explícitas. Un estudio por Jordan Grafman publicado en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience indicaba que mientras más se exponen los adolescentes y niños a contenidos violentos, ya sea en videojuegos, películas o programas de TV, menos sensibles se vuelven ante estos y más propensos son a ser violentos en el futuro ya que se les alteran determinadas regiones del cerebro ligados al control de la agresión.

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La cuestión es si podría ocurrir lo mismo con los reality extremos. Aunque estos contenidos se amparan en la propia voluntad de los participantes, no deja de suscitar estas inquietudes, no obstante hallar una respuesta es más complejo de lo que parece. Hay a quienes estos contenidos refuerzan algunas actitudes para bien o para mal. Fueyo subraya que “la mera exposición no puede llevarnos a anticipar cómo será su comportamiento. Es decir, algunas personas pueden verse más inclinadas a adoptarlo mientras que en otras, precisamente esta exposición, puede conllevar una repulsa que les permite anticipar las sensaciones que ellos tendrían si ejecutasen esa conducta. En este segundo caso, la exposición a este tipo de concursos decrementaría la probabilidad de ejecución de conductas similares en un futuro”.

La directora de “Game 2 Winter” continúa en la producción de su programa que, pretenden, romperá los récords de audiencia en Rusia. Mientras tanto, la pregunta parece quedarse colgada en el tintero de manera permanente, ¿se vale todo por la audiencia?
                                                                                              Por Flor Medina (@Fsilvestre5)
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