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Libres a través de la escritura

En el pabellón de máxima seguridad número 4 del complejo penitenciario argentino Florencio Varela se leen versos de Neruda, frases de Borges o Sartre. Allí se consolida un proyecto independiente que busca reescribir el destino de 50 reos a través de la literatura y la filosofía.

Alberto Sarlo es el impulsor. Cuando estudiaba derecho visitó la cárcel como parte de su formación, la abrumadora realidad de la que fue testigo le hizo comprender que debía hacer algo contra aquello. Dos décadas después, en 2010, fundaba el taller literario que también se volvía editorial “Cuenteros, verseros y poetas” por el que han pasado más de 1000 personas.

Entre ellos Carlos Miranda Mena, expresidiario y ahora colaborador de la causa. Él es un ejemplo de superación personal y referente para sus compañeros. Y es que con 30 años, Carlos aprendió a leer y escribir en las clases impartidos por Sarlo. Como ha narrado a distintos medios, su vida estaba destinada a la violencia tras ser condenado a 8 años de cárcel por robo, pero gracias a la literatura reescribió su camino y encontró una nueva manera de vivir. De hecho, se ha convertido en embajador del taller en difetentes encuentros nacionales. Cada miércoles, vuelve al sitio donde estuvo encerrado para liberar las mentes de sus compañeros con deporte, motivación y libros.

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Alberto Sarlo (de pie) durante sus talleres en el pabellón número 4. Foto cedida por Editorial Cuenteros, Verseros y Poetas

“Nuestro proyecto se desarrolla dentro de un ‘pabellón de población’, es allí donde el Estado está ausente. La situación de los internos en las cárceles argentinas es crítica en muchos aspectos: violencia, discriminación, represión, hacinamiento y un largo etcétera. Ante este contexto presentamos herramientas fundamentales, básicas, que han probado mejorar la calidad de vida de los internos. Trabajamos puertas adentro y puertas afuera para que ellos puedan reinsertarse en un sistema del que jamás formaron parte”, explica Rocío, parte organizadora de la iniciativa.

Y los cambios han sido más que evidentes. Alberto Sarlo asegura que dentro de la cárcel se comercializan drogas legales, pero gracias a los cursos se ha conseguido erradicar el consumo de pastillas estupefacientes. Además observa que ha habido una disminución de la violencia dentro del pabellón donde se solía practicar las conocidas ‘facas’, agresiones con cuchillos u otros elementos cortantes. En casi ocho años hubo sólo un muerto por apuñalamiento.

“En lugar de pelear por poder, votamos democráticamente, llegamos a acuerdos mediante charlas y debates. Practicamos boxeo recreativo y eso nos ayuda a disciplinar nuestro cuerpo y nuestra cabeza, convirtiendo la violencia en esfuerzo físico. Más allá de los cambios internos personales y grupales, el mismo pabellón ha mejorado: mantenemos la limpieza, el orden, decoramos artísticamente los pasillos y tenemos nuestra propia biblioteca que bautizamos Rodolfo Walsh”, cuentan.

Una mejoría vista por los propios funcionarios del centro penitenciario y que ahora reconocen a pesar de las dudas y luchas internas para que se llevara a cabo la idea de Sarlo.

El proyecto se mantiene sin ningún apoyo económico más que el de Alberto Sarlo. Por esto, dice, su editora es cartonera, muy precaria y acequible a todos. De los puños de los presos han salido más de mil cuentos y cinco libros impresos (dos antologías de cuentos infantiles, uno de ensayos filosóficos, dos recopilaciones de experiencias propias en la cárcel e internados de menores), todos donados sin ánimo de lucro y disponibles aquí.

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Carlos Miranda Mena (derecha) junto a un excompañero de prisión, fotografía de Editorial Cuenteros, Verseros y Poetas

En julio presentarán “La Filosofía no se mancha II”. “En este momento se están imprimiendo las copias de un libro nuevo de Filosofía y ya estamos trabajando en nuestro próximo lanzamiento, atravesado por la literatura clásica argentina. Nuestro plan es replicar este proyecto en otros pabellones de la misma Unidad 23 y también en otros sectores del Sistema Penitenciario, específicamente en institutos de menores”, adelantan.

Por el momento y mientras cumplen condena, los reos del pabellón número 4 siguen leyendo y escribiendo, en las palabras han encontrado la oportunidad de alejarse de la violencia y escribir una nueva historia con la que ser libres y escuchados.

                                                                                                      Por Flor Medina (@fsilvestre5)

 

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  1. Si lees en esta barbería te harán un descuento

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