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Victimas del silencio

A Diana apenas  le quedan  señales de lo que fue 10 años  atrás. Con el pelo largo y castaño, la  mirada turbia  y la sonrisa partida, nadie sospecharía que esa mujer alta y corpulenta fue un niño. Un niño pequeño y vulnerable al que sus compañeros de clase pegaban e insultaban constantemente. “me empujaban, se reían de mí, me llamaban tonta, fea, fracasada. Me decían que no valía para nada”.

Las clases para Diana se convirtieron en un calvario, un lugar cerrado donde la tarea principal era ser lo suficientemente fuerte para no ser machacado. -“Pedía ayuda, pero nadie me escuchaba- dice Diana de 26 años cuyo apellido no ha sido revelado para preservar su identidad- me convertí en un demonio, un monstruo”.

Antes de hacerse el cambio de sexo a los 22 años, lo que le sucedía a Diana  en Galicia no era un secreto del todo, pues sus maestras eran conscientes de que lo insultaban y golpeaban constantemente. Al principio se metían con su aspecto, luego con su orientación sexual hasta que la cosa fue a más y los insultos que recibía se convirtieron en puñetazos.

¿Tus padres sabían lo que pasaba?

-“no. sé que sospechaban algo, pero yo intentaba que no estuvieran al corriente. Me daba vergüenza que me vieran tan débil”.- Diana Mira a su alrededor y se retuerce las manos con nerviosismo, no lo dice pero es evidente que le molesta estar en lugares abiertos, rodeada de gente.

Cuando cumplió 14 años, las tornas se cambiaron. -“Afronté la situación de manera negativa. Me dediqué a pegar, entonces era yo el matón. Y me gustaba porque me daba poder”. Diana dice que se dedica a la magia negra y exhibe con orgullo un tatuaje de una cruz invertida en su brazo izquierdo. Dice que es una forma de hacer daño legal a quien le hace daño.

Como Diana miles de niños y adolescentes han sufrido y sufren cada día en el mundo. De acuerdo a un estudio realizado en 2006 entre 25.000 alumnos de 14 comunidades de España (el estudio Cisneros X) uno de cada cuatro alumnos sufre acoso escolar,  500.000 niños lo sufren en un grado intenso y el 14% ha pensado en el suicidio.  Pero más alarmante  aún es que la mayoría lo padecen en silencio.

Dan Olweus, sociólogo noruego y pionero en el estudio del comportamiento de los niños en las aulas, define Bullyng como  una conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un/a alumno/a contra otro/a, al que escoge como víctima de repetidos ataques.

El pedagogo Luis María Rodríguez Barreiro, quien lleva más de siete años trabajando con alumnos problemáticos en el Instituto de Secundaria del Pilar Lorengar destaca que el maltrato que más destruye la autoestima del joven es la exclusión social.

Aunque las consecuencias  del acoso suelen ser muy graves en quienes la padecen, casi siempre permanecen ocultas a los demás, ya que el agredido tiende a ocultar lo que sucede por miedo a mayores consecuencias varían desde alteraciones cognitivas y del comportamiento como pérdida de memoria, distorsión del razonamiento hasta  aislamiento, agresividad y/o conductas adictivas. Con mayor frecuencia ansiedad, depresión y auto-rechazo que pueden derivar trágicamente en un suicidio.

La muerte de la niña colombiana de 13 años que se lanzó al vacío desde un quinto piso en Palma, el pasado mes de marzo por no soportar más las burlas en clase. Este caso recuerda el fallecimiento de Mónica Jaramillo  el 9 de noviembre de 2012, tras cuatro días de agonía por haber intentado ahorcarse en su casa en calatrava (Castilla y la Mancha). La estudiante ecuatoriana de 16 años sufría un acoso tan brutal que en ocasiones viajaba de pie porque los compañeros le negaban sentarse en el autobús. Este hecho conmovió a todo el país como una vez lo hizo  Jokin Zeberio de 14 años, quien una fatídica tarde de 2004 se lazó desde una muralla en Hondarribia (País Vasco) para acabar así con los dos años de repetidas palizas y humillaciones por parte de unos compañeros de clase.

Ocho son las modalidades de hostigamiento que destaca el estudio Cisneros X. El que  reportó un mayor porcentaje de casos con un 20%, pero también el bloque 29%, la manipulación 19%, exclusión 16% , agresiones 13%, seguido de la intimidación 14% y las amenazas 9%.

La cuestión es saber el porqué de esto y qué características tiene el acosador. Rodríguez  Barreiro explica que, a menudo, el agresor suele estar en el mismo curso del acosado o en cursos superiores. Aunque los patrones varían, son personas con problemas emocionales, necesidad de llamar la atención, ya sea por  carencias afectivas o por el convulso trance hormonal  que sufren los niños durante la pubertad y la adolescencia. En cambio, el acosado se suele escoger por tener cualidades diferentes a los demás. Porque son gordos, muy delgados, los que sacan buenas notas o bien casi siempre suspenden; los que no se les da bien alguna competencia como el deporte, los inmigrantes. “Siempre se tiende atacar a lo diferente”-recalca el pedagogo Rodríguez.

La situación de Lara, que prefiere ocultar su apellido, fue similar a la de Diana, pero ella decidió actuar con rapidez. Lo contó a sus padres, se cambió de instituto y buscó acciones legales. Después de haber sido amenazada en su propia casa a través de llamadas, la policía decidió poner una multa a sus acosadoras.

-“En mi tercer viaje a comisaría el policía extraoficialmente me dio otros métodos para solucionar el problema. Pero yo tenía mucho miedo tanto que cambié mi apariencia; el color de pelo, la manera de vestir. Todo para que no me reconozcan”. Lara cuenta que su centro, que prefiere no mencionar por cuestiones de intimidad, daba vergüenza. Tanto los profesores como los orientadores “defendían a la pandillera diciendo que si le pegaban era por algo”.

A esto el estudio Cisneros x nombra como “síndrome de la negación”: cuando la escuela no admite que se está maltratado a un alumno. Este tipo de fenómenos así como victimizar al hostigador dificultan la erradicación de este problema.

Rodríguez Barreiro destaca que los padres juegan un papel fundamental. “los padres deben crear un clima de confianza para que los hijos les cuenten lo que sucede”. No obstante, también recalca la función del centro cuya responsabilidad es al 100% tanto en prevenir como en detectar y eliminar la violencia entre compañeros.

Glenis Salmiento madre de dos niños cuenta lo mucho que está sufriendo ella y su hijo mayor de solo seis años, al que llaman “mariquiqui” una y otra vez. A su hijo lo insultan, lo amenazan y le han llegado a golpear dejándole moratones en el cuerpo. A esta madre le duele  obligar a su hijo a ir al colegio, pero afirma cambiar a su hijo de centro cuando acabe el año escolar.

-“Al principio se burlaban de él por tener la voz muy aguda. Un niño de 6 años lo amenazó con llevar un cuchillo para apuñalarlo, ¿tú sabes lo que es eso? un niño de 6 años diciendo eso. Mi hijo mira el calendario todos los días y cuenta los días que faltan para no volver allí. Me siento fatal, es mi hijo y una como madre una lo deja en el colegio pensando que va a estar bien”.

Aunque Esmeralda y su esposo han ido muchas veces a la dirección del centro escolar, sienten que los profesores no han tomado cartas en el asunto y  que solo  intentan persuadirlos para cambiar el tema y justificar el maltrato.

Aunque hay leyes que defienden al menor en la constitución española, la justicia no contemplaba claramente una ley contra el acoso escolar hasta que el caso de Jokin  abofeteó a una nación rezagada ante una problemática realidad. La LOE 2/2006 (ley Orgánica de Educación en España 2006) reconoce que se debe respetar la dignidad, integridad  e intimidad de todos los miembros de una comunidad educativa y consigo el derecho a la protección contra las agresiones físicas y morales.

Ahora los centros pueden ser condenados por omisión de este deber. De acuerdo a varios medios, como 20minutos.es han publicado en los últimos años que al menos cuarenta colegios han sido juzgados. La mayoría son concertados y privados. La mayor sentencia impuesta en España se dictó contra un colegio de Alcorcón administrado por la congregación Hermanas del Amor a Dios, que se vio obligada a pagar 32.000 euros a los padres de un ex alumno acosado cuando cursaba primaria.

El pedagogo Rodríguez Barreiro señala que muchos profesores  no prestan mucha atención al entran al bienestar emocional de sus alumnos. El hecho de que la educación esté cada vez más individualizada requiere un mayor refuerzo en la comunicación  profesor- alumno. Barrreiro destaca además que cambiar de centro escolar no hace más que reforzar la mala conducta del agresor. La cuestión es fomentar el respeto y la comunicación.

A todos estos factores hay que añadir la cuestión de las nuevas tecnologías. Cuando el niño era hostigado dentro del centro, ahora se ha convertido en una carga perpetua  que sostiene a través de los móviles, el internet y las redes sociales.

Anastasio Ovejero, catedrático de Psicología Social de la Universidad de Valladolid, director del Grupo de Investigación Reconocido “Grupo de Investigación Psicosocial” de la misma Universidad y coescritor del libro: El acoso escolar y su prevención: Perspectivas internacionales, lo explica así: “las nuevas tecnologías han incrementado mucho el acoso escolar pues, aprovechándose del anonimato que dan, muchos alumnos/as que no se atreverían a acosar a sus compañeros cara a cara, así sí lo hacen. Además, los efectos sobre las víctimas son más graves que en el tradicional, pues las víctimas no saben quiénes les están acosando y no pueden defenderse, y además la información difamatoria que cuelga el acosador está a la vista de potencialmente cientos de miles de personas.

Hoy en día, millones de mensajes se pueden difundir por la red sin ningún filtro de control. Por ello, a finales de 2012, muchos padres y profesores se disgustaron ante la nueva aplicación para móviles llamada Gossip (chismear en inglés) disponible de App Store que permite difundir rumores de manera anónima y ya alcanza los 43.000 usuarios en España.

El estudio para el informe de El Defensor del Pueblo, realizado en 2003 y uno de los más completos junto al estudio Cisneros X sobre el acoso escolar, hace énfasis en la falta de apoyo de los compañeros que se desplazan al margen como meros espectadores. El 93% de los encuestados asintió haber presenciado  agresiones. Sin embargo, solo la mitad buscaba ayuda externa. Se ha debatido mucho hasta qué punto este actor es responsable. Se ha demostrado que el miedo a ser victimizado impide que los alumnos decidan hacer algo.

Tanto pedagogos como expertos en la materia recomiendan a los estudiantes ser intolerantes en este tipo de sucesos ya que el silencio solo prolonga el sufrimiento ajeno que puede desplegarse en contra de uno mismo.

Si pudiera retroceder 14 años atrás ¿qué se diría?

-“No tengas miedo,  cuéntalo y busca ayuda”-Diana reflexiona-“La sociedad te enseña qué has hecho hoy, qué has ganado o qué has comprado. Pero no fomenta a decir ¿cómo estás? Si algo he aprendido de todos esos años de sufrimiento es que la justicia la hacen las personas”.

 

Por Flor Medina

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